
Ya había pasado la Noche Buena,
los regalos, los abrazos y los mordiscos traperos
de los que nunca faltan en las reuniones de familia.
Matiana era redonda por todos lados, tenía un mundo de carnes cubriendo su esqueleto y una cabellera ensortijada enmarcando su rostro solar.
Cieloazzul
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Y en esa frase se envolvieron
todos aquellos años de amor clandestino
para volar ...
y quizá..
nunca más retornar...
Cuando Lía se miró a si misma recubierta de añejos deseos y besos postergados comprendió que el amor no tenía mas habitación en su corazón...bajo un manto de añoranzas revueltas reconoció una vida que tras aquel espejo se despabilaba con frenesí y pasión... una vida calladita que vertía entre sábanas alquiladas un mundo conquistado por caricias sobre besos, con nombre y reino propio...
Fue un lunes cualquiera cuando siguiendo un ritual cotidiano se topó con aquella voz que le cambió el mundo, que le abrió un libro en blanco y le prestó la punta de su lengua para escribir en idioma gutural una historia para ser contada....
De sobre todos los hubiera el mas llevado fue el atreverse...el reto constante de batirse en duelo contra las normas sublimes que dictan las buenas costumbres, los principios sin caducar y el pecado implícito en cada mirada, cada roce, cada beso.... cada entrega....
Y no habría sido un tiempo con horario establecido, de no ser por que el día sólo tiene 24 horas, la semana siete días, el mes según su capricho 28, 30 y 31 mañanas con sus noches y el año 365 días, para encontrarse....y también para despedirse....
De no haber sido porque aquella voz tenía un cuerpo, con una boca que besaba con maestría, unos ojos que recitaban poesía, una espalda que parecía un lienzo de Da Vinci, una manos que se hacían cuna, y unas piernas para enroscarse en ellas con temperatura automática, que seguramente el protocolo de las buenas costumbres no habría dado como dardo en la virtuosa vida que Lía estructuraba entre remansos y obligaciones...dignificándose.
Pudo haber sido cualquiera el que rompiera con esa paz añeja y simple, pero no cualquiera el que se colara más allá de lo que el corazón sabio permite en cuestión de afectos, no cualquiera habría podido saltar aquella muralla de compromisos y estigmas.. no cualquiera... tenía que ser él.
Y a él, la vida le sonreía con coqueteo indecente, con aquella libertad que se compra en cada esquina y con aquella sonrisa capaz de sobornar cualquier infracción...
Los besos vinieron solos, por asalto y en trifulca...a veces por instinto, a veces por deseo... a veces por que si.. en cambio las caricias, siempre pedían audiencia, esperaban inquietas que se abriera la puerta del permiso para salir en fuga tras de si como una ráfaga de insultos a la moral... las miradas siempre fueron menos protocolarias, se anunciaban arrogantes para pedir y exigir ser correspondidas, atendidas y comprometidas... y por no saber mentir, esas, las miradas fueron el perdón y la sentencia.
Pero los cuerpos, aquellos castillos con territorios fértiles, se entregaban sin tregua y sin remilgo, se enredaban con insulto y con desdén, se reconocían y desconocían según su antojo y se pertenecían sin decirlo....por pura y simple humanidad. y fueron los mismos cuerpos que se habitaron por deseo, por arrojo de amarse a través de los indebidos, por el hambre de saciarse, por el miedo a los arrepentimientos, por el gusto de probarse, por la consigna del destino, por que se reconocieron y no... y por que una noche se sintieron tan propios y tan suyos, que se bautizaron mutuos para confundirse uno con el otro...
Y fue el tiempo el que arrastró la aventura... un año siguió al otro, de dos en dos, hasta llegar a seis y seis también fueron las despedidas de utilería, seguidos de reconciliaciones furtivas, también seis las ocasiones de olvidos y seis los meses que abundaron las lagrimas, seis otra vez los orgasmos obligados y nuevamente seis los últimos minutos que duró el adiós....seis veces seis.
Y cuando no hubo más tiempo para robarle a los principios perdones, y cuando no hubo mas pretexto que las ganas, y cuando no hubo más amor que vestir de estreno, se vino encima de ambos cuerpos el mar de reclamos y antojos agrios, los besos ausentes y las caricias torpes, las miradas aprendidas de mentiras, los encuentros obligados sin lengua ni pincel...y los 365 días multiplicados por nuevamente seis, cayeron de un solo golpe sobre ellos...sin matarlos, pero si dejándolos mal heridos...
Nuevamente el hubiera se recostó sobre ellos, nuevamente el atreverse lo único que cuenta, nuevamente un Lunes el que los sentencia... para un Adiós...
Y se dieron vuelta dejando atrás la última página en blanco de aquel libro que anunciaba un réquiem...y tras de ellos... un hubiera temblando.... y un Te amo, agonizando.
cieloazzul
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Inés...
Cuando su madre murió Inés apenas tenía la edad en que lo único que queda de los recuerdos son aromas y sensaciones, de ella, solo le había quedado la sensación de un calor insustituible y las caricias que le daba cuando le permitían cruzar el oscuro umbral en que su madre permanecía apenas con los ojos lánguidos y las manos empuñadas...
La ultima vez que burló la vigilancia de la servidumbre para entrar adonde su madre se consumía, se metió entre sus brazos y apenas si logró comprender lo que entre silbidos y resoplos su madre le decía...
- Has de vivir en plenitud de sueños...-
- si-
- Has de aprender a cuidarte de los hom....-
- si-
- Has de ser... f-e-l-i-z-......-
- si- Dijo Inés acurrucándose en aquel pecho raquítico que le silbaba moribundo...
Se quedó dormida en aquel lecho infestado de olor a sulfas y metales, mientras los brazos sin fuerza de su madre la apretaban contra sí con un aguerrido adiós eterno... Despertó entre los llantos fingidos y la revuelta de un duelo próximo y necesario, la arrancaron de aquellos brazos y de aquel aroma que le había dado apenas un calor obligado, hubo que dar tirones y aspavientos, pues los brazos de su madre se habían endurecido en torno a aquel cuerpecito; la vistieron con ropas de lana y terciopelo, le aconsejaron no molestar a su padre en los momentos venideros y la colocaron al lado de Martina, la que sería desde entonces su institutriz y la cual cuidó de no soltar su mano aún a pesar del entumido miedo de lo incomprensible.
Inés creció, pero nunca dejó de preguntarse por que la habitación de su madre, había sido desmantelada por completo, " una epidemia del demonio" decían, había atrapado el cuerpo de Felicitas, y de la cual, diariamente rogaban a los cielos no le fuera a pegar a Inés en una de esas noches de Satán...
Y cada luna redonda, Inés sentía estremecer su cuerpo y fluirle por los lagrimales híbridos de un aroma a sulfas y metal, que la llevaban a sacudir sus piernas flexionadas y a dormirse con las manos en un puño.... para despertar y convertirse en aquella Inés que sonreía como los mismísimos ángeles...
Una mañana de invierno con sol, Inés acudió al llamado de la puerta, cercana y ágil abrió el pórtico de maderos añejos y se encontró con aquel hombre de mirada verde sepia y caireles azabaches y dorados, el cual al ver la inocencia hechizada de aquella febril mujer quedó mudo de los labios y parlanchín de los instintos.... le entregó un sobre amarillo antiguo y sin palabra alguna dio media vuelta para dejar una estela con aroma a sulfas y metal que a Inés la llevaron a flexionar las piernas, dejar salir los fluidos de sus lagrimales y quedarse con los puños apretados en pleno filo de la puerta y a expensas de los ojos que se arrodillaban de miedo y augurios...
Martina cubrió a Inés con un lienzo blanco y almidonado, trató de ocultar con su cuerpo debilucho el voluptuoso cuerpo de Inés que se contraía y resplandecía....
" Tiene la epidemia del Demonio" dijeron todos al verle regresar los ojos a su orbita y el cuerpo empequeñecerle, mientras el cabello se le revoloteaba entre ráfagas de humedad y de su cuerpo se despedía un fétido aroma a delicias....
Inés guardó una cuarentena vigilada por Martina y un ejercito de ángeles vestidos de guerreros, Durmió gracias a las infusiones de valeriana y menta. Y dejó que el tiempo redondeara con filo aquellos placeres entumidos.
Ya restablecida y con un semblante nocturno, retomó su tiempo entre linos e hilazas y dejó hervir aquel infierno que le quemaba los muslos... frecuentemente había que levantarla del piso, reacomodarle las ropas y desempuñarle las manos, para tallarle el cuerpo con granos de sal y esporas del mar mudo, peinarle las pestañas con cerdas de alambre y alimentarla con hierbas que la dormían por días...
- hay que procurar que no le crezcan más los senos, que tome albaca- decía la monja puta..
- hay que evitar que sus caderas ondulen cuando camina, que tome pachuli- decía la coja del monte
- Hay que cegarle los instintos, que tome Sauco- decía la cocinera de la vida alegre
- Hay que mutilarle las bondades, que tome enebro- decía la frígida generosa
Y así, Inés, bebía los néctares sagrados para librarse de aquella epidemia de la cual su madre, habría padecido hasta morir, sin embargo, el Demonio la había tomado de rehén, cuanto mas bebía, mas frecuentes fueron las contracciones, siempre había a su paso un hombre, con sotana, sin sotana, con sombrero, sin sombrero, con ojos y sin ojos, con sonrisa y sin sonrisa, con caireles y sin caireles, que al verla quedara mudo de los labios, parlanchín de los instintos y al dar la vuelta, despidiera una estela de sulfas y metal que hacían que Inés, en pleno sermón de misa, en pleno paseo por el kiosco, en plena calle de sus días, en plena quietud celestial, la hiciera flexionar y sacudir las piernas, empuñar las manos y despedir un fétido aroma a delicia....
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